¿Y si el final es el principio de todo?

Creo que por mucho tiempo estuve perdida, sin saber en qué dirección ir.

Después de la pandemia del 2020 me vi obligada a cerrar mi negocio, que funcionó por más de 10 años. Le puse la culpa a la pandemia, pero en realidad llevaba mucho tiempo queriendo cerrarlo en silencio. Ya no me hacía feliz lo que estaba construyendo.

Pero uno no se detiene a revisar esas cosas. Porque nos han enseñado que el trabajo es trabajo y que tenemos que hacer lo que sea para sobrevivir. Así, al menos, es en mi país. Pocos tenemos el lujo de poder cuestionar lo que hacemos y por qué lo hacemos, porque hay un instinto de supervivencia que prima sobre cualquier cosa.

Trabajar, ahorrar, construir un hogar son parámetros que nos han enseñado y que adquirimos casi por ósmosis.

Pero, ¿qué pasa cuando te quiebras dentro de todo eso? ¿Qué pasa cuando uno no es feliz haciendo lo que supuestamente te hace feliz? ¿Qué pasa cuando te das cuenta de que tu sueño no era precisamente el que estás construyendo? ¿Qué pasa si te detienes?

Entendí con el tiempo que no pasa nada. Que uno se puede equivocar, se puede detener, se puede replantear. Que no existe una dirección fija ni una única dirección correcta. Que hay mucho espacio para explorar y mucho camino por construir.

Lo único que hay que hacer es vencer el miedo. Y tener la confianza de que donde finaliza un ciclo, comienza el otro.

Y la vida continúa. Esta vez, más ligera.

Quizás porque a veces el final no es realmente el final.

Quizás es el principio de todo.

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El silencio