El silencio

He escuchado que muchas veces el silencio tiene más para decir que el constante ruido en el que vivimos.

Yo no lo supe hasta que lo viví.

Una carrera en la industria de la moda, donde los reflectores, las pasarelas, los aplausos, las telas, las máquinas y la prensa se convierten en tu día a día, pueden causar tanto ruido que escuchar tu propia voz es casi imposible. En medio de la adrenalina y la exigencia que significa dirigir y operar un negocio de moda, los espacios para reflexionar son pocos.

Cuando todo ese ruido se fue desvaneciendo con el tiempo, llegó un silencio ensordecedor. No sabía cómo escucharlo. Y quise apagarlo en muchos momentos.

Pero, ¿cómo se apaga un silencio?

Sin saberlo, las preguntas eran incorrectas. No lo tenía que apagar, lo tenía que aprender a escuchar. Había tanto en ese silencio que necesitaba escuchar para, por fin, conectarme de nuevo con mis propios sonidos.

Bajar la velocidad, aprender nuevas cosas, concentrarme en lo simple. En mi caso particular, alejarme de todo lo conocido. Eso incluyó amigos y familia.

Mudarme a un nuevo país, con un nuevo idioma, donde no conocía a nadie, me regaló lo que había perdido en medio de ese ruido: mi propia voz.

En ese momento, la radicalidad me condujo por un camino necesario. Pero hoy entiendo que esos silencios se pueden construir en la cotidianidad, si uno aprende a buscarlos.

Tal vez esa radicalidad en mi camino fue necesaria para hoy comprender todo lo que el silencio tiene para decirme.

 

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¿Y si el final es el principio de todo?